Por el Pr Héctor Solé
Por tanto, profetiza, y diles: Así ha dicho Jehová el Señor: He aquí yo abro vuestros sepulcros, pueblo mío, y os haré subir de vuestras sepulturas, y os traeré a la tierra de Israel. Y sabréis que yo soy Jehová, cuando abra vuestros sepulcros, y os saque de vuestras sepulturas, pueblo mío. (Ezequiel 37:12-13)
Cuando un profeta habla la palabra de Dios, se cumple. No vamos a analizar este texto de una forma teológica profunda porque hay varias opiniones sobre este punto, pero vamos a reflexionar así.
Vamos a pensar que tu vida todos estos años que has vivido no te ha dado resultado alguno, sino que estás en una condición de muerto. Los muertos se pudren, los muertos se echan a perder, los muertos no cumplen ninguna función que pueda beneficiarle a sí asimismo, ni a otros, ni a su familia, ni a la iglesia donde congregan, ni al barrio, el pueblo, la ciudad donde viven, etc.
Esta es la promesa de Dios
¿Qué Dios como tú, que perdona la maldad, y olvida el pecado del remanente de su heredad? No retuvo para siempre su enojo, porque se deleita en misericordia. El volverá a tener misericordia de nosotros; sepultará nuestras iniquidades, y echará en lo profundo del mar todos nuestros pecados. (Miqueas 7:18-19)
¿Quién podría producir un cambio tan espectacular como este? Sacarte de la tumba, resucitarte, y en su lugar, sepultar tus pecados. ¿Qué tiene de lindo un sepulcro? Solo la pintura que lo cubre, los adornos que le ponen, pero adentro todo está en descomposición. Qué bien que representa un sepulcro a la hipocresía humana en todos sus ámbitos. ¿Cuáles son las ganancias que se obtienen de ella?
Esto dice la Biblia.
Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad. Si decimos que no hemos pecado, le hacemos a él mentiroso, y su palabra no está en nosotros. (1 Juan 1:9-10)
Confesar es declarar en un juicio al Juez. Soy culpable.