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La oración ¿A quien se debe dirigir?

Vosotros, pues, oraréis así: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra. El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy. Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores. Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal; porque tuyo es el reino, y el poder, y la gloria, por todos los siglos. Amén. (Mateo 6:9-13)

 Padre nuestro que estás en los cielos ¿Cuáles son las condiciones que debemos tener para ser hijos de Dios? A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron. Más a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios. (Juan 1:11-12).

 Santificar su nombre  El nombre de Dios nos revela todo lo que él es, la máxima divinidad; él es el creador de todo lo que existe, lo creó de la nada. Es un Dios de todo poder, conoce todas las cosas, está en todos los lugares a la vez, es amor, misericordioso y fuego consumidor. Reconocemos al Padre como un ser libre de toda maldad, es decir, santo, moralmente puro en toda su personalidad y voluntad.

Que su reino venga hágase tu voluntad. Primeramente, a mi viva, a mi familia, a mi lugar de residencia, a mi país, al mundo entero.

El pan nuestro de cada día. No es que no tengamos necesidad de pan todos los días de nuestra vida, pero los hijos del Padre vivimos cada día, pues no sabemos con certeza qué pasará el día de mañana.  

Cuando no sabéis lo que será mañana. Porque, ¿Qué es vuestra vida? Ciertamente, es neblina que se aparece por un poco de tiempo y luego se desvanece. (Santiago 4:14).

 Perdónanos como perdonamos. Si no perdonamos a los que nos dañan, tampoco el Padre  nos perdonará nuestros pecados.

Entonces se le acercó Pedro y le dijo: Señor, ¿Cuántas veces perdonaré a mi hermano que peque contra mí? ¿Hasta siete? Jesús le dijo: No te digo hasta siete, sino aun hasta setenta veces siete. (Mateo 18:21-22).

Antes sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo. (Efesios 4:32) Y a vosotros, estando muertos en pecados y en la de vuestra carne, os dio vida juntamente con él, perdonándoos todos los pecados (Colosenses 2:13). Soportándoos unos a otros, y perdonándoos unos a otros si alguno tuviere queja contra otro. De la manera que Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros. (Colosenses 3:13).

 Porque tuyo es el reino, y el poder, y la gloria, por todos los siglos. Amén. De Dios es el poder por la eternidad; ¿Quién podrá escapar de sus justos juicios? La Biblia no dice de una posición en la que debamos ponernos para orar. Podemos estar en la cama por enfermedad o cansados, podemos estar parados, o de rodillas; lo importante es que nuestro espíritu se halle humillado en la presencia del Señor.

 NO TE RINDAS NUNCA. EL SEÑOR QUIERE LO MEJOR PARA  TI

Bendiciones Lic. Héctor Sole

 

 

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