Oísteis que fue dicho: No cometerás adulterio. Pero yo os digo que cualquiera que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón (Mateo 5:27-28).
Todos sabemos qué es el adulterio. El adulterio se produce cuando una persona tiene relaciones sexuales quien no es su cónyuge. Este adulterio del que habla Jesucristo se puede interpretar de dos maneras: el natural y el espiritual. Esta clase de adulterio se da en la mente; son los pensamientos lujuriosos. No se limita al pensar tener una relación sexual, sino a la manera de tenerla. Estos pensamientos se convierten en adulterio espiritual en contra de Dios, como lo son también la idolatría y todo pecado. El adulterio espiritual es una forma de falsificar; es como vaciar de contenido nuestra relación con él Señor. Estamos cambiando nuestros sanos pensamientos cristianos por los perversos pensamientos que vuelan sobre nuestra mente y nosotros los dejamos anidar. La iglesia es la novia de Jesucristo, de manera que cuando pecamos con los pensamientos en adúlteros, nos convertimos. Los adúlteros no heredan el reino de Dios (1 Corintios 2:9).
Enderezándose Jesús, y no viendo a nadie sino a la mujer, le dijo: Mujer, ¿Dónde están los que te acusaban? ¿Ninguno te condenó? Ella dijo: Ninguno, Señor. Entonces Jesús le dijo: Ni yo te condeno; vete, y no peques más. (Juan 8:10-11).
NO TE RINDAS NUNCA. EL SEÑOR QUIERE LO MEJOR PARA TI.
Bendiciones Lic. Héctor Sole