Por el Lic. Héctor Solé
Cuando Jehová hiciere volver la cautividad de Sion, seremos como los que sueñan.
Entonces nuestra boca se llenará de risa, y nuestra lengua de alabanza; entonces dirán entre las naciones: Grandes cosas ha hecho Jehová con éstos. (Salmos 126:1-2)
Estas son las palabras de los sacerdotes israelitas que volvieron a Jerusalén después del cautiverio en Babilonia. Regresaban para volver a cumplir con sus oficios. Este pueblo no se olvidó nunca de su sentido de pertenencia, mantuvieron su fe en Jehová. Tenían una esperanza de liberación. Un día saldría de la esclavitud, sobre todo para volver a ser un pueblo apartado de las otras naciones y poder adorar a Dios con libertad.
A veces podemos estar apartados del camino de Dios y esclavos del pecado nuevamente. La esperanza es la fuerza que se activa en la mente de un hijo de Dios. Él sabe, pues Jesús lo prometió que llegará el día en que el Señor te vuelva a su camino para que de nuevo cumplas con tus alabanzas y el servicio a tu Padre celestial. Quienes siembran llanto por el pecado, cegaran gozo en el perdón.
Esto recapacitaré en mi corazón, por lo tanto esperaré. Por la misericordia de Jehová no hemos sido consumidos, porque nunca decayeron sus misericordias. Nuevas son cada mañana; grande es tu fidelidad. Mi porción es Jehová, dijo mi alma; por tanto, en él esperaré. (Lamentaciones 3:21-24)
Que hoy la palabra de Dios sea de precioso consuelo para nuestra alma cansada y abatida.