No menosprecies, hijo mío, el castigo de Jehová, ni te fatigues de su corrección; porque Jehová al que ama castiga, como el padre al hijo a quien quiere. Bienaventurado el hombre que halla la sabiduría y que obtiene la inteligencia. (Proverbios 3:11-13)
Nos han dicho que cuando Dios nos castiga, es muy doloroso. También tenemos la imagen distorsionada en un padre golpeador. De manera que cuando hablamos de que Dios castiga a sus hijos, lo relacionamos con dolor, con sufrimiento, pero en realidad no es así. El pecado es el que produce el dolor y eso ya es suficiente castigo para que aprendamos a no tocar lo que se nos dijo que si tomáramos, nos quemaríamos. Los castigos de Dios a sus hijos son como un padre que da palmadas en la cola a su hijo y lo pone en penitencia para poder corregirlo y, por otro lado, te consuela en el dolor que la falta te causó. Las consecuencias del pecado son las que te castigan las que producen ese dolor y sufrimiento; por el contrario, Dios es el que te consuela y te corrige.
NO TE RINDAS NUNCA. EL SEÑOR QUIERE LO MEJOR PARA TI.
Bendiciones Lic. Héctor Solé