Por el Lic. Héctor Solé
Jesús le dijo: Ve, tu hijo vive. Y el hombre creyó la palabra que Jesús le dijo, y se fue. Cuando ya él descendía, sus siervos salieron a recibirle, y le dieron nuevas, diciendo: Tu hijo vive. (Juan 4:50-51)
Qué inconveniente nos traen las enfermedades físicas; son tan complejas y dolorosas que a veces aún la misma ciencia no encuentra una forma de aliviarnos la angustia y desesperación que una enfermedad puede traer.
Llega un momento donde la fe en Jesucristo es más que necesaria. Leemos muchos textos de la Biblia referidos a la fe, pero eso parece no alcanzar; leemos muchos libros y publicaciones sobre la fe, pero eso parece no alcanzar. La fe; es un don de Dios, es una gracia, es un regalo inmerecido. Creo que cuando necesitamos de la ayuda de nuestro Señor y Salvador Jesucristo para un milagro de sanidad física, creo que lo primero que tenemos que empezarle a pedir a Dios es la fe para poder creer que él lo hará.
Dijeron los apóstoles al Señor: Auméntanos la fe. (Lucas 17:5)
Los apóstoles, los discípulos de Jesús, sintieron la necesidad de pedirle a Dios que le aumente la fe; este podría ser un motivo también para que usted comience a pedirle a Dios que le aumente la fe.
Cuando la necesidad es grande, también es grande nuestro clamor en la presencia de nuestro Señor Jesucristo y nuestro Padre Dios y la ayuda también con la que contamos del Santo Espíritu de Dios.